Con motivo del merecidísimo homenaje mundial que te van a dar en estos días organizado por el club en colaboración con UEFA y FIFA, nos unimos a esta distinción como seguro lo harán todos los socios y aficionados.
Recuerdo perfectamente con nitidez una silueta calva con el número 9 a la espalda, que bajaba a pedir el balón al portero, con genio, con exigencia y con entrega. Del 60 al 64 ganamos la Liga, en el 60 la Copa de Europa y la Intercontinental y en el 62 también la Copa y en ese periodo metió 67 goles y eso que su principal virtud era la generosidad y regaló goles a espuertas.
A Alfredo di Stefano,
o simplemente Don Alfredo, le comencé a ver jugar al fútbol con 34 años en plena madurez deportiva, pero con las ganas de un amater, cada domingo luchaba y ponía al servicio del equipo su inteligencia, su visión de fútbol completo y sus extraordinarias habilidades, que como fuera de serie no estaban al alcance de nadie: ni del pasado, ni de su generación, ni de las siguientes.
Mis primeros años en el Bernabéu se remontan a esa temporada 60–61, desde una peña situada junto al Puente de Segovia de la ribera del Manzanares salíamos en autocar hacía el mítico estadio. Cada domingo (antes se jugaba mucho menos los sábados ya que no había efecto televisión) con la ilusión y la confianza de ver al Madrid imponerse una vez más y los miércoles a la Copa de Europa, donde los mejores rivales europeos intentaban hacer frente a la historia y a la presión de jugar en Chamartín, después de habernos hecho con las primeras cinco Copas de Europa.
José Emilio Santamaría, central, era quizás su mejor amigo fuera y dentro del campo, pero cada vez que bajaba por el área madridista Don Alfredo y pedía el balón para subirlo, sus peticiones se transformaban en órdenes y sacaba su genio a relucir.
De esos pocos jugadores, como Raúl, que se echan al equipo a la espalda, en los momentos de desorientación y con su tenacidad, volvía la lucidez y el flujo de jugadas relevantes y como es lógico la victoria final.

Único es la palabra que mejor lo define, se situaba en el campo donde había que estar, por donde se distribuía el juego. Era de esos pocos jugadores que cambian el centro de gravedad del terreno de juego.
De cabeza magnífico, le he visto peinar balones maravillosos, manejaba las dos piernas con precisión, con regate elegante, sin adornos, sin concesiones al contrario, práctico como su fútbol. Pero si algo quedó reflejado en mi mente para siempre es su tacón, como si tuviese ojos en la espalda, pasaba el balón a Gento de tacón igual que si le tuviese de frente.
Don Alfredo, que Dios te dé mucha salud y que puedas disfrutar de esta etapa que estamos viviendo con la misma ilusión que cuando tu lucías, como nadie ha lucido, el 9 en nuestra camiseta.
Gracias por habernos hecho brillar como equipo y vibrar como aficionados, gracias por aportar unos valores al Club que siempre serán ejemplo para futuras generaciones de futbolistas, gracias por aportar un estilo, un saber estar en el campo, único e incomparable, gracias por los triunfos, gracias por tus goles, gracias por tus tacones que sabían también siempre a goles, pero sobre todo gracias por dedicarnos estos años que nos estas dedicando y que te hacen el mejor embajador del madridismo.
Espero que puedas alzar la Décima en Moscú, muchos estamos preparando nuestro viaje y nos gustaría verte allí entre todos, no sólo como el más grande de la historia del fútbol sin discusión, sino como ese socio de honor que eres. Que disfrutes rodeado de tan ilustres visitantes estos días, Presidente.
Don Alfredo un fuerte abrazo de todos los socios, abonados y aficionados de este Club.



Mágnifico comentario.
Un abarazo.
Pedro Pérez